lunes, 29 de junio de 2015

Las ventajas de sentirse víctima

Por: Lic. Alicia S. de Lamadrid
Desarrollo Humano, Tanatología y Coaching
"La personalidad de la víctima radica únicamente en una serie de reacciones 
a las circunstancias o problemas y estas reacciones se pueden cambiar."

Por más contradictorio que suene, tiene ventajas enormes ser una víctima. Una víctima necesariamente adquiere cierto tipo de poder y una serie de ganancias secundarias.

Cuando me siento víctima lo utilizo como perspectiva para percibir e interactuar con el mundo. No es lo que me pasa, sino lo que hago con lo que me pasa y a veces, ni siquiera eso, porque me invento cosas.

Este proceso de ser víctima funciona en diferentes planos:
  • Cuando me aferro a una desgracia, a una carencia o a una imposibilidad.
  • Cuando mi "problema" lo hago lo central en mi vida y todo gira alrededor de eso.
  • Cuando niego cualquier posibilidad de un mayor esfuerzo, un mejor diagnóstico o una mejor acción.
  • Cuando me tiene atado un pasado impotente, infértil y de autodestrucción.
Entre las ventajas de ser una víctima están:

1.- Evita responsabilidades.
Una víctima se siente que no puede ser obligada a cumplir con sus compromisos: "¿no ven cómo estoy?".

2.- Le brinda una ocupación.
Una víctima se centra en su desgracia, se ocupa de su malestar de tiempo completo y evade la duda existencial y el reto de estructurar el tiempo.

3.- Le provee de un vehículo de intimidad y contacto social.
Ante la desgracia, la gente tiene temas de qué hablar, facilita la intimidad y provee a su vez la materia prima para que su grupo de amistades hablen de él o ella; mejor criticado que ignorado, piensa.

4.- Atrae a personas que juegan roles complementarios.
Como perseguidor o rescatador y eso no ayuda.
La víctima, pobrecita, está a la merced de un persecutor sádico que sistemáticamente la hostiga y la humilla. Eventualmente aparece el rescatador, que salva, cuando menos temporalmente, a la víctima de la agresión.

Pero lo fascinante es que rara vez la víctima termina por salvarse a sí misma, porque se aferra a su condición y tarde o temprano regresa a ella.

5.- Manipula a quienes tiene cerca.
Una víctima se siente justificada para dictar órdenes, acusar, demandar. Si no le hacen caso "se pone mal, muy mal", y hace sentir mal a la gente.

6.- Ataca de manera pasivo-agresiva.
Una víctima desconcierta al más poderoso. A ratos se comporta como si no le importara nada y en otros aparece “el monstro encaprichado” que nos quiere comer.


Perpetuarse como víctima es típicamente un mecanismo inconsciente y por lo mismo tiene tanta fuerza, porque la gente no reconoce que se ha anidado en su posición de víctima.
Ser víctima tiene graves repercusiones: amarga la existencia, la propia y la de los demás,  drena su energía, mina su desarrollo y entorpece sus relaciones, porque llega a extremos de HARTAR a los demás. Cuando la persona se siente víctima se encuentra en una posición de indefensión, desde la cual es difícil llevar a cabo una sanación real.

Basta ya de victimizarse. Es hora de cambiar y asumir la propia responsabilidad de la vida.

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