jueves, 21 de julio de 2016

Cuando los adjetivos superan al sujeto

Por: Gabriela García-Williams (BAHL '93 / LCIC '00)

Cuando estaba en prepa fui a una conferencia titulada “Sexo es para los niños” como parte de un congreso. El conferencista era un sacerdote y por dos horas habló abiertamente sobre las consecuencias del sexo prematrimonial frente a miles de adolescentes con la hormona alborotada.

El sacerdote no nos sermoneó ni condenó a nadie; simplemente presentó los diferentes escenarios que pueden resultar de adolescentes activos sexualmente y explico que normalmente no están equipados emocionalmente para lidiar con las consecuencias de tener relaciones sexuales y mucho menos para ser padres, y como esto afecta tremendamente a los niños que con frecuencia resultan de esas relaciones.

Pero, ¿qué demonios tiene que ver el sexo adolescente con ser políticamente correcto? En unas cuantas líneas explico; primero una serie de preguntas que he estado considerando por algún tiempo.

¿Será que se disminuyen las consecuencias en la salud de los gordos si los llamamos individuos de figura completa?

¿Será una actriz más talentosa cuando nos referimos a ella como actor?

¿Será que Asia ya no está en el oriente? Y si continua ahí, ¿tendremos que empezar a buscar términos alternativos de llamar cosas y personas que vienen del mismo lugar?

Tan dañino es para la sociedad el sexo adolescente como ser políticamente correctos en la medida que se espera que seamos en la actualidad.

Hace algunas décadas cuando no nos gustaba algo que otro niño nos decía hacíamos un gesto con la mano y decíamos “botellita de jerez todo lo que digas será al revés”… ahora se les enseña a los niños que es más importante lo que los llamemos que quienes son.

En la medida que encontramos palabras alternativas para sustituirlas por las que nos incomodan disminuimos la resiliencia de la gente. Antes, cuando a alguien le molestaba que le dijeran gordo, bajaba de peso; si no queríamos ser molestados en la escuela, nos defendíamos; los que no querían que los eligieran hasta el final para los equipos de juegos, practicaban en su tiempo libre y mejoraban hasta lograr que los eligieran primero.

Todo eso moldeaba nuestro carácter y nos ayudaba a desarrollar habilidades que ocupamos para ser adultos productivos.

Hoy pareciera que algunos necesitan mantener a los niños y otros grupos de la población dependientes y lo hacen bajo el velo de querer protegerlos cuando en realidad disminuyen las experiencias que moldean el carácter, promueven independencia y desarrollan resiliencia.

El sexo no es inherentemente malo cuando las dos personas conectando íntimamente están listas y preparadas para asumir las consecuencias y emociones resultantes; hay tiempos y lugares para el sexo… igual que hay una diferencia entre ser respetuosos y ser ridículos con el uso de palabras y frases.

Es casi como cuando un diseñador discute con el cliente sobre blanco leche y blanco nube… la mayoría de las personas no van a notar la diferencia, blanco es blanco y ya porque a simple vista se ven iguales pero para el ojo experto del diseñador hay una gran importancia y discute hasta que nos damos por vencidos y pretendemos ver la diferencia.

Le damos tanta importancia a los adjetivos que se nos olvida el sujeto; así como la rosa sería igual de hermosa por cualquier otro nombre, nosotros seguimos siendo nosotros sin importar las palabras que otros usen para describirnos.

¿Qué tal que desarrollamos un poquito nuestro sentido del humor y nos concentramos en cosas verdaderamente importantes?

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