viernes, 16 de mayo de 2014

¿Qué nos enseña el dolor?

Lic. Alicia S. de Lamadrid
Twitter: @aliciaslamadrid


Del significado que da el hombre a la experiencia del dolor depende en gran parte su capacidad de soportarlo y de aceptarlo.
Sandrin-Brusco-Policante

Tenemos que reconocer que el dolor es herencia de todos los seres humanos, sin excepción. Porque tal vez el mayor de los peligros del sufrimiento es que empieza convenciéndonos de que nosotros somos o los únicos que sufrimos. Salir de uno mismo siempre es difícil. Salir de nuestro propio dolor es casi un milagro. Y habría que empezar por ahí. Reconocer que no soy la única persona que sufre, que gente a mi alrededor tiene penas que sangran y que encerrado en mi dolor no soy capaz de ver.

Si es algo que por nuestra condición de hombres alguna vez tenemos que vivir, ¿por qué no verle los beneficios que puede traernos?

DESDE EL PUNTO DE VISTA HUMANO,
EL DOLOR:

* Nos hace madurar
* Nos lleva a comprender a los que sufren física, emocional y espiritualmente.
* Nos saca de nosotros mismos y nos hace pensar en los demás.
* Nos lleva a darnos cuenta de con quien contamos en las dificultades.
* Nos lleva a realizar posteriormente grandes cosas en beneficio de los demás.
* Nos hace humildes, porque no somos infalibles como creíamos.
* Nos ayuda a valorar las cosas y situaciones cuando todo marcha bien en nuestro camino.
* Confirmamos que la actitud es lo que hace la diferencia en el manejo del sufrimiento.
* Nos enseña a gozar de las más sencillas alegrías, que antes nos pasaban desapercibidas.
* Aprendemos a dar gracias por la vida.
* Nos ofrece tiempo para reflexionar y orientar el rumbo de nuestro camino.
* Buscamos apoyo en los seres amados y nos unimos más a ellos.
* Reconocemos la importancia de la esperanza de un mejor mañana.
* Nos mueve a hacer el bien a los demás.
* Nos ayuda a jerarquizar nuestras vidas.
* Aprendemos a dar a las cosas y acontecimientos su verdadera dimensión, pues antes inoportunidades cotidianas las convertíamos en algo insoportable.
* Comenzamos a entender las cosas de una manera diferente.
* Valoramos la compañía y los detalles.
* Nos ayuda a purificarnos de nuestro egoísmo.
* Nos abre al amor de los demás.
* Nos damos cuenta de que la vida consiste en dar y recibir y que probablemente necesitamos ser más humilde y aprender a recibir.
* Nos lleva a reaccionar con generosidad.
* Nos hace tomar conciencia de la importancia de que otras personas en nuestras circunstancias conozcan lo que pasamos para que a ellos no les suceda lo mismo y salgan más fácilmente de su dilema.
* Empezamos a ver la manera de transformar el sufrimiento en servicio.
* Se convierte en una prueba que purifica y hace crecer nuestro amor.
* Nos cuestiona nuestras fuerzas, nuestro sentido de lucha y de superación, nuestro sentido de vida.
* Nos llama a trabajar y a luchar para disminuir o erradicar el sufrimiento de tanta gente en  nuestra comunidad, en nuestro país o en el mundo.
* Nos purifica de nuestros rencores y envidias.
* Nos recuerda que la vida del hombre está tejida por alegrías y sufrimientos y que podemos encontrar paz aún en medio del dolor.
* Nos hace apreciar el consuelo, el cariño y el apoyo de los demás.
* Nos proporciona la capacidad de ser empáticos con el que sufre.
* Pone a prueba nuestra paciencia.
* Transforma, de alguna manera, nuestra conducta diaria.
* Nos acrecienta el aprecio por la vida.
* Nos enseña a que en la vida hay que aceptar la solidaridad en el dolor.
* Aprendemos a llorar con los que lloran, pues nos hace sensible a la desgracia ajena.
* Purifica nuestro amor.
* Nos hace crecer en madurez y sabiduría más que varios años de crecimiento natural.

Reconocemos que el dolor es un misterio que no podemos comprender, pero que puede ayudarnos a ser mejores personas, cuando aprendemos a aceptarlo y a trascenderlo.

No hay comentarios: