miércoles, 26 de noviembre de 2014

De la insospechada posibilidad de tu Red

Luis Eduardo García
81 1312- 3874

Déjenme les cuento que he estado muy clavado con el tema de las redes.

Sí, las redes. No, no solamente las redes sociales, sino sobre el tema de las redes.

Antes, una reminiscencia, calma, tiene su porqué.

En The Matrix ves a Neo (Keanu Reeves), ya en la parte final de la película, después que le disparan los Agentes y detiene en forma impresionante las balas al punto de casi tocarlo, y de pronto él, que ya se da cuenta en ese instante que sí es el Elegido, empieza a ver a todo como una entidad de símbolos verdes cayendo como lluvia interminable, todo, todo, sus enemigos, el pasillo donde está, la misma existencia como parte de algo construido, simulado, todo en forma de lluvia verde, algo que no era más que la Matriz, The Matrix.

Fue un punto culminante de la película, llena de fantasía y ciencia ficción, que todavía tiene legiones de seguidores discutiendo los significados de los conceptos construidos atrás de esa gran historia.

A mí me pasó algo similar, y no me malentiendan, no veo a la gente hecha de numeritos verdes cayendo como lluvia eterna simulando mi realidad.

Sino que algo me sucedió al llegar a tres mil cien contactos en LinkedIn (la única red de la que doy cursos, las demás redes son más, mmm, eso, demasiado sociales). Tiene que ver con lo que me dijo un conocido hace tiempo cuando le conté que iba a dar cursos de LinkedIn:

-LinkedIn? Ahí tengo como tres mil contactos y no me sirven para  nada.

Y siempre me acuerdo de él.

Porque ya te pones a pensar, ¿para qué empezaste a meterte en primera instancia a LinkedIn, para que te vean cómo eres y te contacten? ¿Para qué te ofrezcan trabajo?

Sorry, ya estás en los cincuenta años, no hay muchos trabajos para ti, la verdad. ¿Entonces, para qué estás en LinkedIn?

“Ahí tengo como tres mil contactos y no me sirven para nada.”

Uf.

Y en eso llegué yo mismo en mi red de LinkedIn a mis tres mil cien contactos.
Siempre en mis cursos, comento la idea de los árboles y el bosque, siendo tu red el bosque y tus contactos los árboles, metáfora tan común que todos conocemos, pero que, créeme, nunca pierde su actualidad. El punto obvio es ese, el de en muchas ocasiones que por ver el bosque no ves los árboles, por ver el árbol dejas de ver el bosque.

Todo es percepción contextual.

(Sólo imagínate un poco más, que cada persona tiene su propio bosque, o sea, una red de contactos entera, una red posible de personas por conocer, por saber, por asimilar… uf, y así me seguiría por los caminos casi infinitos de las posibilidades: cada contacto tiene su red, es decir, tantas posibilidades dentro de sus propios contactos, cada uno de estos contactos tiene su propia red de sus propios contactos, sus propias posibilidad, si, suman millones, y no es hablada, es real).

Pero aun así esas metáforas son conocidas y sabias pero nunca nadie habla nada de… las hojas del mismo árbol.

De conocer más de tus mismos contactos actuales.

Sigamos brevemente con la extensión de la metáfora.
Ya con los tres mil cien mencionados y con el tema de la epifanía de las hojas (sí, fue una revelación), me puse a la tarea más complicada: ver uno por uno a mis tres mil cien contactos y revisar su perfil.

Sí, uno por uno. Y lo hice despacio. Me tardé semanas.

Pero no sólo los vi uno por uno, sino que… los clasifiqué, usé las herramientas disponibles en el mismo LinkedIn, y así ya fui sabiendo para qué realmente me pudieran servir posteriormente los contactos de mi red. A cada uno de ellos los fui conociendo, los fui asimilando.

No, no todos me serán “útiles”, y sí, yo puedo de cierto modo de ser útil a todos, la verdad, digo, está el Karma que dice, haz el bien sin esperarlo recíprocamente, ese bien llegará, eventualmente.

A donde quiero llegar, porque ya se me acabó el espacio, y probablemente tu paciencia, es a lo siguiente:

Sólo decirles que ahora estoy tomando un curso de Análisis de Redes Sociales en Coursera, pero este es de esos que de la nada empiezan a usar derivadas, te hablan de la distribución de Poisson como si la usaras todos los días y te hacen “bajar” aplicaciones para probar modelos de redes random, o redes orgánicas o redes con obediencia a Leyes de Poder, y válgame, qué de cosas, comadre, compadre, de pronto te sientes como con martillo nuevo: a todo le ves forma de clavo.

Me siento también que estoy viendo el tramado de la misma lluvia de numeritos verdes tipo Matrix a cada paso que doy: al leer de política, veo una red; al leer de educación, veo una red; al leer de ciencia, veo más redes; al leer de tecnología, otra más; al leer de la UDEM, más redes de redes, en este caso, la de los mismos alumnos, la de decenas de miles de exalumnos, tantas personas, tanto árbol, tantos bosques por conocer.

Tantas hojas por asimilar. Cada hoja un contacto, una conexión posible, una conversación deseable, un acuerdo probable. Un contrato, un proyecto, un empleo, una idea surgiendo, una revolución conceptual emergiendo.

Ideas, conceptos, temas, negocios, intereses, contactos, alianzas, proyectos, conversaciones, conexiones  por concebir, pensar, analizar, planear, realizar.

Y apenas estoy comenzando.

Conectémonos. Ya.

El autor da cursos y asesorías de LinkedIn además de Estrategias de Redes Sociales Profesionales y hoy se siente cósmico y no tanto como para ver el entramado de lluvia de numeritos verdes, pero sí como para darles consejos y consultoría sobre Redes Sociales Profesionales, tel 81 1312- 3874, luis.garcia.2099@gmail.com

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