viernes, 21 de noviembre de 2014

En busca de la felicidad

Por: Lic. Alicia S. de Lamadrid
Desarrollo Humano, Tanatología y Coaching
Twitter: @aliciaslamadrid

"La verdadera felicidad es un sentimiento que se desprende
de la conciencia de estar cumpliendo la propia vocación
y misión y desarrollando el propio ser."
Alfonso López Quintás

La historia de la humanidad es una larga aventura de los hombres en busca de la felicidad. Tenemos hambre y sed de ser felices. Sin embargo, a veces encontramos que es difícil estar de acuerdo en lo que consiste la felicidad.

Cuando uno pregunta a las personas “¿Por qué hacen esto?” generalmente contestan que porque buscaban ser felices. Sin embargo, con el tiempo muchas personas se decepcionan porque las cosas “no salen" como ellos esperan; y, aunque aparentemente en el momento tenían como meta la felicidad, ésta no se presenta.

Para algunos, la felicidad se confunde con el placer sensible, con la comodidad, con las diversiones y hasta con el desenfreno, y parece como si los acontecimientos pudieran manejarla a su antojo. Y eso no es así.  Otros piensan que para ser felices necesitan estar contentos todo el tiempo; necesitan vivir en un ambiente en donde nunca haya roces, ni confrontaciones, ni desacuerdos con las demás personas.  Y eso tampoco es la felicidad.

No existe una definición única de lo que la felicidad es en realidad, pero podríamos considerar que:

La felicidad es un estado de satisfacción completa que acompaña el cumplimiento de un deseo o de una meta y que llena toda la conciencia y tiene relación con determinados actos que conducen al hombre a su mayor realización en cuanto a persona, individual y social.

Existen muchas personas que ven la felicidad como condición futura, ligada solamente al logro de ciertas metas o relacionada con determinado nivel de bienestar material: "Voy a ser feliz cuando… encuentre trabajo, cuando me case, cuando tenga un hijo, cuando consiga casa, cuando me sobre el dinero, cuando me integre más con mi pareja, cuando mis hijos crezcan..." y así se pasa la vida y la felicidad nunca llega.

La felicidad verdadera brota del centro de uno mismo en forma de alegría, por la satisfacción de haber llevado a cabo los proyectos elegidos, de mejorar y ser cada día más digno como persona. Ni el éxito, ni el placer, ni el dinero, ni nada por sí solo, llegan a colmar nuestros anhelos de felicidad.

Pero además de alcanzar la felicidad con el logro de determinadas metas, existen también un conjunto de momentos cortos, fugaces y dispersos, ratos placenteros que compartimos con nuestras personas queridas, que de repente se presentan en nuestra vida de manera inesperada y que si los disfrutamos en ese instante conforman la felicidad.

"La felicidad no es la champaña y el caviar, sino el sencillo arroz comido con buena hambre y el agua clara", como nos dice Armando Fuentes Aguirre.

Para poder gozar la felicidad debemos reconocer que ésta depende de una actitud, de una manera de visualizar y vivir esas múltiples oportunidades y experiencias que se nos presentan.

Cuando nos sentimos felices, sucede algo maravilloso: estamos más abiertos a la vida, somos más capaces de ver las cosas con claridad y de controlar las tensiones cotidianas.

¿Qué podemos hacer para ser felices? Es importante siempre tener presente que la alegría llega a nuestras vidas cuando tenemos algo qué hacer, alguien a quién amar y algo que esperar.

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