lunes, 28 de septiembre de 2015

Tu historia, tu UDEM: Enrique Pedroza

Por Enrique Pedroza Arellano (268690)

Érase una vez UDEM

Existen momentos en la vida donde una experiencia marca el antes y después entre lo que eras y quién eres en realidad. Mi trayectoria por la UDEM es uno de ellos. Desde el drástico instante en tener que dejar atrás, a mis 18 años, todo a lo que estaba acostumbrado en mi ciudad natal, por no perder una oportunidad tan grande que, en su momento, no entendía su significado. El segundo lugar de aprovechamiento académico en mi generación y yo sin tener idea alguna de qué era la Universidad de Monterrey. Cuando pisé por primera vez el campus, mi impresión fue: “Tengo que ser millonario para poder estar aquí”, ni siquiera consideré la opción de revisar el plan de estudios.

Recuerdo muy bien que la persona ocupando el primer lugar de mi grupo en preparatoria tenía toda su carrera planeada dentro de esta institución, y yo solo me visualizaba viviendo con mi familia, estudiando en la Universidad Autónoma de mi estado, manteniendo mi relación con, en ese entonces, mi novia, y quizá casándome y con hijos a una edad corta. En el momento en que me dicen que soy candidato a la Beca de Excelencia Académica, la cual, sorprendentemente, fue rechazada por quien tenía el promedio más alto que el mío con una ligera diferencia de 1 décima… yo no sabía qué hacer.

La primera respuesta de mi madre fue un “No”, pues ella era quien estaba a la cabeza del hogar desde que murió mi padre cuando yo tenía 16. Mi hermana iniciando su preparatoria y yo con posibilidad de estudiar en una buena Universidad pero carísima. No me explico la capacidad de convencimiento que tuvo la promotora a quien le tocó hacerme la oferta, pero gracias a ella, mi perspectiva cambió. Terminamos aceptando el reto de 4 años y medio en juego, donde la condición fue que si yo perdía esa beca, tendría que abandonar mi carrera en Ciencias de la Comunicación dentro de la Universidad y empezar desde cero en otro lugar o donde se pudiera continuar, pues realmente no era posible cubrir el costo regular ni con menos porcentaje de apoyo. Llegué envuelto de miedos, inseguridades; primera vez lejos de mi casa y con una visión que cambió completamente al paso de los semestres. Crecí, mucho. Viví el desapego, descubrí mi pasión y lo que me desagrada. Conocí personas que me marcaron.
No olvido que cuando recién llegué, el lugar donde residía inicialmente, me presentó muchas tentaciones para desviarme. Vivía con un conocido, que hasta la fecha aún no termina una carrera. Durante el tiempo que yo me dediqué a prepararme, esa persona se enfocaba en otro tipo de distracciones, entre ellas vicios y “diversión”. No digo que no es válido mantener un equilibrio entre estudio y vida social, pero en este caso la situación se inclinaba más a una falta de decisión por parte de él. Fueron los momentos en que más extrañé a mi familia y cuando las ganas de regresarme a mi ciudad se presentaban día con día. Hasta que de nuevo la UDEM me abre sus puertas ya no sólo para estudiar, sino que me dijo: “Enrique, esta es tu casa”. Ante mi situación, la misma promotora de ese entonces me contactó con Residencias UDEM, se expuso mi caso y me ofrecieron una beca para ingresar ahí.

Fueron demasiados cambios en tan poco tiempo. Comencé mi experiencia de vivir en comunidad, fue la primera vez que compartía habitación con alguien. Encontré personas que se interesaban por mi crecimiento académico y personal. Amigos irremplazables se convirtieron en hermanos y son por quienes ahora tengo casa en muchas partes de México y hasta en otros países. Actividades culturales y deportivas que no estaban dentro de mis planes aprender. Empecé a involucrarme, mi personalidad se fue forjando. La persona introvertida que llegó, estaba cambiando totalmente. Mi primer lánzate, cuando fui guía en Gente UDEM, participar en grupos estudiantiles. Todos y cada uno de los pasos que fui dando, tuvieron un por qué.

Si yo pudiera ponerle rostro y cuerpo a la Universidad de Monterrey, la abrazaría cada que pudiera y no me cansaría de agradecerle de frente. Me ayudó a encontrarme conmigo mismo y conocer mis fortalezas y debilidades. Aceptar diferentes puntos de vista y sentirme parte de una sociedad que necesita agentes de cambio. Personas comprometidas que no dejen de soñar con un mejor país. Amplió mis estrategias al fijarme metas, pues me hizo ver más allá de mis propias posibilidades. Gracias a la vinculación que tiene la Universidad con diversas empresas potenciales, tuve la oportunidad de cumplir mi sueño de trabajar para “The Walt Disney Company” primero como practicante y después, al graduarme, representando a México por un año en un programa cultural.

Quería cerrar con broche de oro mi carrera, pero no estaba seguro de poder hacerlo. Apliqué al Programa de Honores, en el último día de la convocatoria, sin estar muy convencido de ello. Sabía que era el último año, empezaría mi Proyecto de Evaluación Final y debía seguir manteniendo mi promedio arriba de 90. Fui seleccionado y debo aceptar que durante las primeras sesiones, me arrepentí, pues la carga de PEF se puso intensa ya que nuestro proyecto era multidisciplinario y tuvimos que alinearnos a lo que ambas carreras solicitaban.
Finalmente cumplí con los dos proyectos, el de Honores y la Evaluación Final. Obtuvimos la excelencia y por consecuente me reconocieron con Magna Cum Laude. Todo eso, sin haberlo visualizado desde que inicié. Mis logros y emociones siempre se han presentado de forma circunstancial y aún sigo definiendo la parte de mí mismo que busca el éxito y lo obtiene de la manera menos esperada, siempre defendiendo mis valores y escuchando mi interior.

Me gradué, me fui al extranjero, regresé. ¿Qué seguía? Sabía que no podía irme así. Muchos huyen de la UDEM como si esos 4 años y medio hubieran sido un martirio en lugar de una experiencia increíble. Yo cada vez, incluso de manera inconsciente, buscaba cómo regresar aunque fuera por unos chilaquiles. Es por eso que en estos momentos me encuentro trabajando para la institución que me vio crecer; quizá como una manera de agradecerle por tanto e intentar dejar huella, aunque sea pequeña, antes de continuar mi camino cumpliendo mis proyectos y seguir colocando en alto la formación que recibí.

Desconozco hasta cuándo se firmará punto final en mi historia con la UDEM, pero de lo que sí estoy seguro es que aun haciéndolo, siempre será un libro en mi biblioteca de vida que me encantará abrir una y otra vez. Porque hoy puedo decir con sinceridad, que gracias a Dios, mi madre, mi padre (desde arriba) y a la Universidad de Monterrey, soy la mejor versión de mí mismo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿es posible mantener la beca? He estado buscando universidades pero tengo miedo de perder la beca y no poder pagar la colegiatura.