martes, 30 de mayo de 2017

LA FAMILIA: Un tesoro que demanda atención y protección

El primer domingo del mes de marzo celebramos en México el “Día de la Familia”. Como mexicanos, caracterizados por ese gusto por festejar y reunirnos ante cualquier evento que nos causa alegría, este día es uno más, en el que, desde abuelos hasta nietos, se unen en algún restaurante a degustar una deliciosa comida, o aún mejor, en casa para hacer una parrillada o una tradicional “carne asada” -como le llamamos en el norte del país. Otras familias ven este día como uno más del calendario, pues para ellos cualquier domingo es motivo de reunión familiar sin excepción.

La familia es en sí un motivo de celebración diaria. Es, para la mayoría de las personas, el motor que impulsa sus vidas, su motivación para salir adelante y ser mejores. Los padres de familia trabajan por sus hijos. Los hijos, aunque a veces no lo reconozcan, necesitan la cercanía y el apoyo incondicional de sus padres para sentirse seguros y acompañados ante los retos de su vida. Los abuelos, siempre atentos para apoyar en lo que puedan, de forma silenciosa o de una forma más activa, siempre ahí, como la raíz fuerte que ha llevado a esa familia hasta el lugar que ocupa.

En la actualidad las familias viven cambios radicales ante una sociedad exigente en demandas económicas y laborales, pero decadente en valores y en reconocer lo que realmente vale la pena.

Ver tantos artículos en revistas y periódicos, videos y mensajes en redes sociales y en tantos otros medios de comunicación hablando de los cambios en las familias, en la educación de los hijos, no me sorprende, y esto es porque, como profesionista dedicada a la Educación puedo percibir la transformación tan grande que la familia, y el puesto que ocupa cada miembro de ésta, ha sufrido de un tiempo para acá.

Recientemente he visto que no solo educadores, psicólogos, sociólogos hablan del tema. Llamo mi atención, que el mismo Papa Francisco, máxima autoridad de la religión católica en el mundo, hablara de este tema dentro de su catequesis impartida. Eso me dejó pensando profundamente en que lejos de evolucionar, estamos quizá yendo de reversa en muchos aspectos y aún estamos a tiempo de frenar antes de que nos cobren una factura muy alta los errores cometidos.

¿Por qué ahora los hijos no cumplen con tareas frecuentemente? ¿Por qué ahora, que los padres tienen más preparación profesional, apoyan menos en la tarea a sus hijos? ¿Qué ocasiona que los padres vayan en contra de la maestra o la escuela entera porque a su hijo se le ha llamado la atención ante una falta al reglamento? ¿Por qué decirle al maestro “usted reprobó a mi hijo” en vez de reconocer que el hijo ha reprobado por sus propios “méritos”?

Vemos niños de 6 años que han recorrido más de tres escuelas porque a mamá o a papá no le ha gustado la maestra, la directora o algún compañero de clase. Los padres exigen al maestro que sus hijos no hablen con el compañero más travieso de la clase porque consideran que es un riesgo o una “mala” compañía. Y tampoco dejan que sea el propio alumno el que aprenda a tomar decisiones correctas y a resolver sus pequeñas diferencias.

Con tristeza, frustración y algo de impotencia, los que nos dedicamos a la educación, nos damos cuenta que todo esto es un contraste sin sentido. ¿Por qué?... Porque vemos padres que sobreprotegen a sus hijos ante el compañero, los maestros y todo lo que le cause frustración, molestia, o incomodidad, pero no les protegen de reprobar, de incumplir con tareas, de caer en la falta de respeto al maestro, entre otras cosas. En síntesis, no los protegen de convertirse en adultos poco tolerantes ante el fracaso, adultos que no serán lo suficientemente responsables como para cumplir con ética y responsabilidad en un trabajo. No les guían para comprender que en la vida se gana y se pierde. No les apoyan para que fomenten hábitos de estudio y responsabilidad. No les dan las bases para formar en un futuro una familia propia en la que ellos serán la cabeza y en la que ante cualquier problema no deberán de salir huyendo.

Si la familia es nuestro tesoro más preciado (o al menos, así debería de ser), ¿Por qué estamos permitiendo que se pierda entre ideas erróneas, como la de que los hijos se pueden “traumar” si se les castiga o se les restringe en algo como consecuencia a un mal comportamiento? Pensemos que los menores aprenden a través del ejemplo.

Los niños y adolescentes son vulnerables y dependen mucho de los padres o tutores, pues son sus guías y apoyo para aprender sobre la vida, sobre lo bueno y lo malo, sobre lo correcto y lo inapropiado. No se debe pensar que porque un niño cursa la primaria ya puede y debe hacer su tarea solo, pues ya es “grande”. Los jóvenes, aun de preparatoria siguen requiriendo de la supervisión cercana de sus mayores…si es menor, con mayor razón lo necesita. Hacerle independiente y responsable no significa que el papá o mamá no deba revisar qué trae de tarea y dejarlo solo haciéndola. Formar responsabilidad significaría, en este caso, mostrarle qué, cómo y cuándo debe hacer las cosas, para que, a través de la rutina, el tiempo y su madurez, él logre hacerlo solo.

La FAMILIA es un tesoro que demanda atención y protección. Brindemos esa atención a todas las áreas que esta nos exige, no solo proveer de forma económica y acompañarse en eventos sociales. Formemos seres humanos que desde hoy caminen con firmeza y no solo “pasen” por la vida, sino que busquen la TRASCENDENCIA.


Diana Karina Corral Alanis (LED '01)
Master intervención Dificultades del Aprendizaje (ISEP/ Univ. Vic)
Certificada Maestra Bilingüe y en Inglés como 2a Lengua por TEA (Texas Education Agency)
Maestra de primaria y líder de grado en las escuelas públicas de Texas ( 5 años)
Fundadora y directora de TEKS Institute y Little Genius kindergarten (Reynosa, Tam.) desde el 2008 a la fecha.
Participante en Congresos de Trastornos del desarrollo (Espectro autista).

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