miércoles, 22 de julio de 2015

¿Cómo saber cuando la sanación llega?

Por: Lic. Alicia S. de Lamadrid
Desarrollo Humano, Tanatología y Coaching
No te preocupes, viajero.
Sosiégate en la paz de las noches
y reanuda tu viaje en la belleza de las mañanas,
con un corazón absolutamente nuevo.
Prudencio López Arróniz

Sanar un evento doloroso en nuestra vida supone resolver el duelo pertinente y, aunque muchas veces es difícil ver el punto final del mismo, llegamos a sentir que el dolor intenso y las lágrimas son sustituidos por la memoria afectuosa y tranquila del pasado y que el pesar se transforma en un recuerdo entrañable de una etapa de nuestra existencia que ya finalizó, de la que salimos crecidos.

Nuestro desafío consiste en adentrarnos en la aflicción, recorriendo sus caminos, sin perder de vista los signos de renovación esparcidos en el dolor y la luz de la esperanza. Si no lo hacemos eso, corremos el riesgo de permanecer aislados y convertirnos en víctimas de nuestro propio dolor.

El mundo y la vida estaban detenidos por el dolor y, poco a poco, como un carrusel, comienzan de nuevo a girar. Experimentamos la posibilidad real de disfrutar de nuevo

Cuando nos decidimos a no nos quedamos dándole vueltas a la tristeza, sino que nuestro corazón se abre a la gratitud por las bendiciones que obtuvimos, aunque en su momento parecieran oscuras, las cosas cambian. 

Ese capítulo de nuestra vida se terminó. Podemos darle la bienvenida a un nuevo ciclo de nuestra existencia.

La sanación llega cuando reconocemos que somos mejores y que maduramos al reconocer que el vacío que sentíamos dentro de nuestro corazón fue un vacío fértil y que todavía somos capaces de aceptar los retos de la vida y de encontrar en ella alegrías insospechadas.

Decir adiós a una etapa de nuestra vida no es fácil y decir adiós a algo para siempre es aún más difícil. Pero hay que dejar que se vaya todo eso, hacer un recuento de nuestros aprendizajes, y descubrir lo crecidos que estamos con la experiencia dolorosa vivida.

Nos reconciliamos con la idea de que somos seres humanos falibles, que nos equivocamos, que a veces nos suceden cosas o tragedias que no sabemos cómo manejar y reconocemos que la vida, a pesar de los problemas, no es toda negra y debe continuar.

Podemos compartir nuestra experiencia con otras personas en situaciones similares y ayudarles en su proceso, para que se sientan apoyados, darles tips.

Sanamos cuando somos realmente capaces de elaborar nuestra pérdida, conflicto o dolor y encontramos la posibilidad de un nuevo acomodo del mundo desde el punto de vista físico, emocional, intelectual, espiritual y social, cuando reconocemos que las semillas de este nuevo capítulo de la vida pueden empezar a germinar y les damos permiso de hacerlo. 

Dirigimos nuestra energía y nuestro amor hacia el mundo y nos involucramos en otros proyectos. 

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